
Fue en el último lustro del siglo pasado, último sábado de junio, marcha del orgullo gay en la Ciudad de México. Entoces el acto finalizaba en el Hemiciclo a Juaréz, los participantes no sumaban mas de tres a cinco millares, algunos de ellos militantes de largo camino en el Movimiento de Liberación Homosexual, otros solo simpatizantes de los grupos que cada año desde 1978 se alzaban por las calles y se daban arriesgados besos, llenando espacios de convivencia cotidiana como gays, convergiendo en el tiempo para salir a la calle ha hacer pintas invitando a la proxima Marcha del Orgullo Homosexual. Hicieron lo que nunca nadie habia hecho en este pais, dar su cara y sentirse orgullosos como todo ser humano de ser lo que se es, estar aqui, vivir, disfrutar, divertirse. Fueron jóvenes que se atrevieron a trasgredir, a dar pasos mas alla, a romper esquemas que ceñían el derecho a ser libre y a expresar la opción sexo-afectiva elejida, sin culpa, sin timidez, sin callar ese amor que, como dice Carlos Pellicer, "es de otro modo. Arturo, Tarcisio y Francisco han sido de esos fundamentales que han marchado por las calles de esta ciudad siendo sólo 400 o mas de cien mil como ahora.